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Educar para salir del fango

La expedición jienennense comienza a visitar los colegios, con unas infraestructuras mínimas.

Las aldeas llevan poco tiempo funcionando con energía eléctrica y sería mucho lujo tener agua potable.

Los niños empiezan la jornada buscando leña o agua que les sirva para preparar el desayuno.


La tarde del martes 21 de septiembre abandonamos antigua, la ciudad más importante de Guatemala después de la capital. en ella queda el grueso de la expedición jiennense de la Ong "Quesada Solidaria". Junto a Carmen y Virginia, dos odontólogas de la ONG vasca D.O.A. que se han agregado a nosotros, Francisco Vico, como médico de atención familiar, y yo, como maestro, nos disponemos a trasladarnos al municipio guatemalteco de Quesada: su casco urbano y sus treinta y cinco aldeas suman unos veinticinco mil habitantes. De Antigua nos ha recogido don Carlos, el alcalde de Quesada, un independiente de centro derecha populista.

Nuestra conversación en el coche, durante las tres horas que tardamos en llegar a Quesada, lleva dos músicas de fondo: la que suena en la radio y la de la lluvia torrencial que durará tres o cuatro horas cada tarde. Cuando atisbamos unas luces picoteando un pueblo en la montaña, don Carlos señala nuestro destino y, con el mismo dedo, busca el dial de la radio local, Radio Cariñosa, "la más famosa" según la voz atiplada de una locutora que va satisfaciendo las peticiones de discos dedicados. Pronto el alcalde nos ruega silencio porque alguien ha empezado a opinar en la emisora: "Soy la directora del colegio Dolores Bedoya de Molina, y quiero manifestar al señor alcalde de nuestro Quesada el agradeciminto tan grande que tenemos por habernos concedido unos nuevos pizarrones y pintarnos el colegio, que ha quedado muy bonito". Tras un poquito más de música opinan lo mismo uun niño y un padre del colegio.

Cuando llegamos a Quesada, el alcalde se siente feliz: Paco Vico advierte de la nueva iluminación que señorean las principales calles. Es tan buena que permite acciones antes menos habituales: pasear por la noche los adultos, jugar a los jóvenes partidos de fútbol-sala en la plaza principal ante un gran número de espectadores espontáneos o correterar a los niños persiguiéndose por las calles.

Nuestra ONG pivota su labor solidaria en Quesada sobre dos pilares, el sanitario (que se lleva desarrollando desde hace tres años) y el educativo, que empezó el pasado curso conel envío de material y correspondencia escolar, y que en este viaje viene a mantener un primer contacto directo con la realidad de la zona y a elaborar un infrome de situación y necesidades.

Para posibilitar este contacto y estudio el alcalde ha puesto a nuestra disposicion, de lunes a viernes, un vehículo con conductor. En unos casos, Paco pasará consulta médica en la aldea mientras yo visito el centro escolar, en la mayoría visitaremos los dos el colegio: él hará el reportaje fotográfico mientras yo hablo con los maestros y niños y recojo los datos. Los caminos para llegar a las aldeas (ninguna de ellas as más de seis kilómetros del núcleo urbano) son carriles irregulares de tierra y piedras, cuyas griets suelen ser tan profundas que hay que utilizar la marcha primera para avanzar lentamente sobre ellas: no nos da tiempo a ver más de tres aldeas en las cinco horas lectivas. La lentitud del vieja nos permite ver mejor la vida que se proyecta en la enneagrecida fachada de las viviendas familiares, situadas a ambos lados de los carriles: un porche de lámina de chapa introduce a una o dos estancias levantadas con adobe o bloques (cocina, salón-dormitorio). Bajo el porche, los hombres de la casa "platican" sentados en un poyato mientras las mujeres se afanan en la cocina o lavando la ropa restregándola sobre una piedra. Hay niños que corretean, no han ido hoy a la escuela.

Las aldeas llevan poco tiempo electrificadas con correiente de 125 W; ello permite que la mayoría de las viviendas dispongan de una triste bombilla y de un televisor que impone el fútbol como pantalla casi fija. Pero no tiene agua corriente: han de transportarla a hombros o sobre la cabeza desde la fuente más cercana. Sería mucho lujo eso del agua corriente en una aldea cuando tampoco la tiene el pueblo, que solo ve agua (no potable) por sus cañerías una vez cada tres o cuatro días. No es extraño, por tanto, ver en las casas unas garrafas de agua pura con la elocuente marca de "Salvavidas".

La población escolar de Educación Primaria del municipio y las aldeas alcanza a 3.195 alumnos, de sesi a doce años. Sólo cinco centros tienen un aula de Preescolar. Si, Guatemala tiene una población muy jóven y continúa creciendo muy rápidamente: en esta zona, la media de hijos por familia está en cinco y bastantes superan los diez.

La jornada escolar comienza a las 7,30 horas y termina a las 12,30. Pero esa es la teoría; la práctica normaliza la llegada tarde de los alumnos a clase, que los maestros esperen a la puerta, que los niños salgan a buscar leña y agua para el desayuno y que terminen incluso media hora antes para "aliviar" el regreso a casa. San Fernando, la primera aldea que visitamos, tiene 95 alumnos en tres aulas; la segunda, El Retiro, alberga 308 en nueve. Lógicamente, la mayoría de las aulas albergan alumnos de dos o tres cursos: 66 alumnos de 4º y 6º están en un aula de El Jocote, 49 en una de Potrerillos, 59 en el 2º de El Tule, 49 de 2º y 3º en Bordo Alto. Aunque hay aulas de 50 metros cuadrados , hay otras de 12 metros donde no se pueden mover los 32 alumnos de Las Ceibitas. Sólo un par de aulas por centro suelen "lucir" una bombilla, menos mal que entra algo de luz natural por los reducidos ventanales. La construcción es de bloques no siempre pintados y, sobre ellos, un tejado de planchas metálicas. Los alumnos están sentados tan apretadamente que a lo mejor están tan callados porque ni espacio tienen para mover la boca. Se sientan en viejas y sucias sillas y se apoyan en mesas bajitas y reducidas si es que no son de pala fija.

Cuando hemos ido a cualquier colegio hemos visto la misma secuencia: alumnos tomando la "refacción" (desayuno escolar de cualquier cereal diluido en agua o leche en polvo) para la que el gobierno dota al centro de unas veinte pesetas por alumno, per que solo llega a unos 12 desayunos al mes. Este desayuno lo elaboran por turnos, dos madres de la comunidad con el agua turbia y la leña para calentar que algunos alumnos acercan desde el arroyo o consiguen con las ramas secas de los árboles. Son niños desnutridos que los padres mandan al colegio para que coman algo antes de que para que aprendan. Después de la refacción juegan al fútbol en un patio sin encementar. la mayoría miran a los que juegan, casi siempre descalzos, para no romper las zapatillas que han dejado en un rincón. Otros corretean entre el cerdo o el perro que han pasado al patio sin cercar desde la vivienda de los vecinos. Junto a unas letrinas, inmundas y sin puerta, hay estercoleros donde cerdos y gallinas parecen tomar también su refacción. Esta vez el recreo va a ser mas corto porque han llegado unos maestros españoles para visitar el colegio.